La mandíbula, esencial en cómo se reparte el peso de nuestro cuerpo, cumple más funciones de las que a priori somos conscientes

Nuestro cuerpo está conectado entre sí. El estómago se relaciona con el cerebro, el intestino con nuestras emociones y nuestros músculos están todos relacionados, como si de una cadena se tratara. Partiendo de esta base, no es tan complicado entender que nuestra mandíbula pueda tener que ver con el mantenimiento del resto de nuestro cuerpo.

Es por ello que, aunque en un primer vistazo parezca una cosa un poco extraña, la manera en la que masticamos la comida puede influir en que tengamos más facilidad –o no– para lesionarnos a la hora de hacer deporte. La ortodoncista especializada en Posturología Eider Unamuno explica la razón: «Cuando comemos hay muchos músculos implicados que movemos. Si solo masticamos por un lado, esos músculos se entrenan más, y por tanto conseguimos que una parte de nuestro cuerpo esté más contracturada».

La experta comenta la incidencia que pueden tener estos hábitos de masticación en el resto de nuestro cuerpo. Así, explica que los músculos que utilizamos para mover la mandíbula tienen una relación con el esternón, clavícula, las escápulas o la columna vertebral. Por ello, la fascia que cubre estos huesos, que «se podría comparar con un film transparente, que se utiliza para envolver todos los músculos», hace que, si por ejemplo se mastica por el lado derecho, esos músculos «estén más contraídos, y por tanto es más fácil que se contracturen».

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